14.7.08

Creyentes ... y Spinoza tenía razón

Daniel Gilbert de la Univ. de Harvard
Foto © Marilynn Oliphant
Gentileza Blog de Daniel Gilbert

Autor del libro Stumbling on Happiness y co-editor del Manual de Psicología Social de Oxford University Press , en 2002 fue considerado por Personality and Social Psychology Bulletin uno de los cincuenta psicólogos sociales más influyentes de la década. Es director del Social Cognition and Emotion Lab. Como muestra de su producción, en The Edge podemos leer un interesante artículo titulado "Los caprichos de la experiencia religiosa" (en inglés) .

Bastante antes de ello, "El ojo escéptico" (publicación del ya desaparecido CAIRP) había reproducido un artículo de Bruce Bower- habitual articulista de Science News- comentando una temprana investigación de Gilbert .

Creyentes

Bruce Bower


¿Cómo creemos? ¿Aceptamos de igual forma una información falsa y una verdadera? En el proceso de creer, ¿deglutimos primero y analizamos después o viceversa?

Según Bruce Bower, algunas investigaciones psicológicas nos muestran que Spinoza tenía razón- en contraposición a Descartes- cuando argumentaba que para comprender una idea se la debe aceptar inmediatamente como verdadera, quedando el análisis consciente para una instancia posterior. De paso, entérese en esta nota de qué manera las interrupciones y distracciones pueden afectar nuestro juicio.


Cualquiera que se haya sentido impactado por el titular de algún periódico puede darse cuenta de que entender una idea y creer en ella son cosas muy distintas. Si no fuera así, los lectores aceptarían como artículos de fe frases como "Cada día hay menos desocupados en el país".

Las mentes inquisitivas no sólo quieren saber: también tienden a creer - al menos en principio - en lo que leen o escuchan.

El psicólogo Daniel Gilbert, de la Universidad de Texas, afirma que "la mayoría de las recientes investigaciones convergen en un punto: los humanos son criaturas crédulas a las que les resulta más fácil creer que dudar" (American Psychologist marzo de 1991).Esa afirmación puede provocar un debate pero difícilmente podríamos decir que carece de antecedentes.

Hace más de 2300 años, Aristóteles decía que la habilidad de dudar es rara y aparecía sólo en las personas cultas y educadas.

En la última década esta idea ha sido apoyada por varios estudios que indican que los niños generalmente aceptan sin objeción lo que dicen los adultos, tendencia que a menudo distorsiona los testimonios que aquellos prestan cuando se investigan crímenes.

Sin embargo, las teorías psicológicas actuales sobre la formación de las creencias se apoyan más en las nociones de otro filósofo: René Descartes. Este influyente pensador francés del siglo XVII sostenía la idea de que la mente absorbe las nuevas ideas automáticamente y sin esfuerzo alguno, quedando allí hasta su verificación o rechazo después del análisis racional y consciente.
Esta idea de Descartes acerca de la separación entre comprensión y evaluación, (menos conocida que la de la separación entre cuerpo y mente) continúa influyendo en los supuestos científicos sobre el funcionamiento del pensamiento humano. Por ejemplo, los técnicos en cibernética diseñan sistemas que modelan el proceso de adquisición del lenguaje y otras habilidades para ingresar información en forma "neutra" antes de determinar la utilidad o destino de esa información.

Pero poco después de la muerte de Descartes, Spinoza presentó un punto de vista completamente diferente. Este filósofo argumentaba que para comprender una idea se la debe aceptar inmediatamente como verdadera. El análisis consciente-que según de qué idea se trate puede ocurrir casi instantáneamente o requerir un considerable esfuerzo-permite a la mente rechazar lo que inicialmente había sido aceptado.

Algunos experimentos:

Esta noción de Spinoza aparentemente absurda ha sido confirmada por tres experimentos realizados por Gilbert y colaboradores (Journal of Personality and Social Psychology, octubre de 1990).

Los experimentos prueban un supuesto básico de la hipótesis: si la gente cree al principio tanto las ideas verdaderas como las falsas, la interrupción de la evaluación mental de esas ideas debería interferir con la habilidad para rechazar cualquier fabulación mientras que las nociones verdaderas mantendrían su sello de aprobación.

En el primero de esos experimentos, 35 estudiantes universitarios aprendieron el significado de sustantivos ficticios (se les hizo creer que eran palabras del idioma Hopi) -Nota: Los Hopi son aborígenes de los EEUU – leyendo las definiciones en la pantalla de un monitor. En alguna de las pruebas ocurría una señal acústica después de que la computadora presentaba la definición. Debido a que los estudiantes tenían que presionar la tecla de respuesta después de oír la señal, ésta perturbaba su atención momentáneamente. La interrupción causaba un aumento importante del número de definiciones rechazadas que luego eran aceptadas como verdaderas en la prueba de identificación. Por otra parte, los estudiantes que fueron interrumpidos no mostraron mayor probabilidad de interpretar como falsa una definición que la computadora indicaba como verdadera.

Por la aceptación inicial de ideas de los dos tipos, verdaderas y falsas, los voluntarios aparentemente procedían del modo spinoziano. Por lo tanto, las distracciones socavaban los pensamientos subsiguientes necesarios, al tener que inspeccionar las aserciones rechazadas pero no las confirmadas. En contraste, el esquema cartesiano supone que las interrupciones tendrían el mismo efecto en la evaluación racional de las confirmadas y de las negadas.

En el segundo experimento,20 estudiantes observaron una serie de caras sonrientes en un video. En algunas pruebas el monitor mostraba las palabras verdadero o falso antes de verse una cara para señalar si el hombre expresaba una alegría genuina o falsa. En otras pruebas las señales aparecían después de verse la cara. Los estudiantes que eran distraídos-tenían que presionar una tecla al recibir una señal sonora producida inmediatamente después de ver la cara-generalmente clasificaban a las falsas sonrisas como genuinas, pero no viceversa. Incluso aquellos que sabían de antemano que una sonrisa era falsa, frecuentemente la marcaban como verdadera si eran posteriormente interrumpidos. En otras palabras, cuando las distracciones hacían descarrilar su tren de pensamiento, los voluntarios que habían dado razones para dudar tendían sin embargo a aceptar esa información como verdadera.

En el experimento final, los investigadores presentaron a los 30 estudiantes frases descriptivas sobre un animal imaginario llamado "glark".Los participantes luego decidían si las nuevas proposiciones sobre los glarks eran verdaderas o falsas. Durante esa tarea, a veces se les pedía que leyeran una definición sobre glarks tan rápido como pudieran sin controlar su veracidad. Cada una de esas frases aparecía de nuevo durante la evaluación como verdadera o falsa.

Gilbert argumenta que los estudiantes probablemente aceptaban rápidamente al principio las definiciones leídas, en lugar de tratarlas neutralmente. Luego informaron que el 25% de las definiciones falsas rápidamente leídas eran consideradas verdaderas por los estudiantes ,mientras que casi todas las verdaderas fueron identificadas correctamente.

Gilbert afirma que somos cartesianos ingenuos:"suponemos que las creencias están bajo control consciente todo el tiempo, pero las creencias pueden originarse por la mera aceptación pasiva de la información sin intentar analizarla".Señala, además, otras líneas de investigación que confirman sus argumentos. Por ejemplo, hace casi 20 años los psicolingüistas establecieron que las personas a las que se presentan frases verdaderas y falsas les lleva menos tiempo determinar la exactitud de las primeras que las de las últimas.

Los trabajos en psicolingüística también sugieren que la comprensión de una negación, por ej:"los armadillos no son herbívoros"requiere primero la comprensión del concepto contrario "los armadillos son herbívoros".

Un estudio del año 1981,dirigido por el psicólogo Daniel Wagner de la Universidad Trinity de Texas, ilustra la paradoja que nos lleva a creer lo que claramente ha sido negado. En una investigación, los estudiantes que leyeron el título "Bob Talbert no está ligado con la mafia" manifestaron impresiones negativas sobre este personaje ficticio, cosa que no hicieron los que leyeron oraciones neutrales como "Bob Talbert celebra su cumpleaños".

Las personas también tienden automáticamente a buscar evidencia que confirme sus creencias hacia otras personas. Los estudios han mostrado que los voluntarios inducidos a creer en la naturaleza abierta de una chica, le preguntaban a ella sobre su sociabilidad sin incursionar en los aspectos de reticencia y timidez de su personalidad.

En los trabajos relacionados con el tema, los psicólogos que estudian la persuasión y la detección de mentiras han observado que la gente cree con frecuencia en lo que otros le dicen ,sin cuestionamientos. Las opiniones sobre otros, así como las declaraciones autobiográficas son aceptadas más fácilmente cuando el oyente está realizando una tarea que perturba la atención del mensaje que se está difundiendo.

Gilbert nota que "los que venden autos usados conocen desde hace mucho sobre el poder persuasivo de las interrupciones y distracciones introducidas en los momentos críticos".

Muchas técnicas de lavado de cerebro y coerción utilizan métodos extremos para fragmentar la atención del prisionero político. Los interrogadores los mantienen despiertos durante varios días seguidos y los abruman con una carga de artillería ideológica que no pueden resistir. Las confesiones forzadas tienen también efectos duraderos: después de recibir y recitar el mensaje del torturador muchísimas veces, el exhausto prisionero comienza a dudar de sus propias opiniones.

Los mismos principios se extienden más allá de las agencias de autos o de los calabozos de los dictadores, según nos advierte el psicólogo John Bargh, de la Universidad de Nueva York: "Mi idea es que el control sobre las influencias automáticas, inconscientes, no se practica para nada. No es que la gente sea perezosa, sino que tiende a creer que esas influencias no existen y, a menudo, no se da el lujo de pensar en forma intensiva sobre lo que, de a ratos, escucha o lee."

Gilbert y colaboradores tienen todavía que estudiar si las distracciones de la atención serían capaces de hacer creer las más absurdas expresiones. Aunque la teoría de Spinoza sostendría que una frase como: "Hitler era una mujer" sería aceptada de inmediato y casi tan rápidamente descartada apenas llegara la evidencia a la mente, esa hipótesis sería muy difícil de probar con experimentos.

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